Límites
Poner límites y aprender a decir que no
Los límites son las barandas de tu vida: lo que hace que tus decisiones lleguen a donde querías llevarlas. Poner uno no es levantar un muro ni alejarte de nadie, es poder sostener tu propia posición sin dejar de estar en la relación. Se aprende, y la culpa que aparece después no siempre significa que te equivocaste.
¿Por qué cuesta tanto poner límites?
Cuesta porque para muchas personas la aceptación de los demás se siente condicionada a complacer, y un límite pone esa aceptación en riesgo. En la investigación, la dificultad para sostener lo que uno quiere frente a otros se estudia bajo el nombre de asertividad, y se ha encontrado relacionada con una amplia variedad de problemas, contextos y poblaciones 1.
Es una de las dificultades más transversales que existen.
«Límites» es una palabra de la vida, no de la investigación. Lo que tú llamas no poder decir que no, la psicología lo ha estudiado como falta de asertividad 1. Lo que llamas no saber dónde termino yo y empieza el otro, lo llama diferenciación 2.
Esto tampoco viene solo. La dificultad para sostener tu posición y una autoestima que se ha visto afectada suelen ir juntas, y se alimentan mutuamente a lo largo de la vida 3. Evitar la incomodidad de negarte es también una de las formas que la ansiedad toma cuando se mira desde fuera 4.
¿Qué es un límite sano?
Un límite sano es poder decir lo que piensas y lo que quieres, y sostenerlo, sin fundirte en lo que el otro siente ni cortar la relación para protegerte. En la teoría de los sistemas familiares eso se llama diferenciación del self: mantener tu posición emocional en las relaciones cercanas sin fusionarte ni desconectarte 2.
Los límites son las barandas de la vida, y esa es la imagen que uso en consulta. Cuando vas a jugar bolos y pones las barandas, la bola llega a los pinos en lugar de irse por la canaleta: no es que la bola se mueva menos, es que llega a donde ibas. Vivir sin saber poner límites es jugar sin ellas, tiro tras tiro, viendo cómo lo que lanzas se va por un lado. Cuando aprendes a ponerlos, contigo y con los demás, caminas por la vida sabiendo que elegiste respetar tus necesidades y también las de los otros. Cuando no los pones, es muy fácil que la gente te pase por encima, o que tomen por ti decisiones que terminan doliéndote.
La segunda mitad de esa definición es la que más se pasa por alto. Hay una versión de «poner límites» que en realidad es retirarse: dejar de contestar, cortar, desaparecer. La investigación sobre diferenciación trata el corte emocional como uno de los dos fracasos, no como la meta 2. Un límite es un lugar desde el que puedes seguir hablando.
Una distinción más, que es mía y no de un estudio: cuidar de los demás y descuidarte a ti por los demás no son la misma cosa. Poner límites no te hace menos generoso. Te permite seguir siéndolo sin desaparecer en el intento.
¿Cómo poner límites?
La manera de poner límites efectivos es con valentía y comunicación clara. Primero debes identificar de forma precisa el límite que quieres marcar. Luego tenemos que encontrar la manera correcta de comunicar el límite para que la otra persona pueda comprender la importancia de lo que le estás comunicando.
Los límites que se marcan en un contexto de empatía suelen tener un mejor resultado. Posteriormente debes identificar cuál es el cambio que necesitas de la persona y darle ejemplos para que sepa qué es lo que quieres que cambie con el límite que le estás marcando. Por último, es tu trabajo hacer seguimiento de que el nuevo límite se esté respetando.
Para esto se necesita mucha valentía, pues si llevas tiempo sin marcar límites es muy posible que te cueste trabajo confrontar a las personas. Aquí es importante aclarar que confrontar no es lo mismo que discutir. En sesiones te enseñaré exactamente cómo hacer esto para que puedas transformar tus relaciones, y aprendas a marcar límites con una estructura que te va a servir para toda tu vida.
¿Cómo poner límites sin culpa?
Probablemente no sin culpa, y tengamos algo claro: la culpa no es una sola cosa. A veces es coherente con lo que pasó y te dice que hiciste algo que tuvo un costo y del que eres responsable. Otras veces no es coherente con nada, y es un patrón que te lleva a cargar con lo que no te corresponde.
Las dos se sienten igual por dentro y se trabajan de forma distinta. Cuando la culpa es coherente, el camino es asumir tu responsabilidad, hacer algo con ella y seguir. Cuando no lo es, el trabajo es entender de dónde viene ese patrón de culparte por cosas ajenas, y cambiarlo. Esa distinción la vamos a hacer en consulta.
La pregunta que te va a servir mientras tanto no es «¿me siento mal?». Casi siempre te vas a sentir mal las primeras veces. Es «¿hice algo de lo que soy responsable?». Si la respuesta es no, la culpa está hablando de tu historia y no de lo que acaba de pasar.
Decir que no es una habilidad que se entrena. El entrenamiento en asertividad tiene décadas de evidencia y hoy está casi olvidado como tratamiento por derecho propio, aunque su valor está demostrado en muchos contextos 1. Esto no se trata de tener carácter. Se aprende en terapia como cualquier otra habilidad.
¿Y si la otra persona se molesta contigo?
A veces se va a molestar, y eso no significa que el límite estuviera mal puesto. La diferenciación se define precisamente como poder sostener tu posición mientras el otro reacciona 2. Un límite que solo vale cuando nadie se molesta es un permiso que te dan.
La primera vez que alguien se molesta porque dijiste que no, el cuerpo entero te va a pedir que vuelvas atrás. Eso es lo que vamos a trabajar: sostener la incomodidad de los primeros minutos sin deshacer lo que acabas de decir.
Hay algo que se separa del malestar del otro. Cuando negarte trae consecuencias que te dan miedo, cuando hay violencia, daño o cualquier amenaza a tu integridad, eso ya no es una pregunta sobre límites y no la voy a tratar como si lo fuera. Lo primero es tu seguridad, y hay pasos que van antes que cualquier conversación: poner distancia física de la situación que te hace daño, acudir a las autoridades si hace falta, y construir una red de apoyo que te sostenga mientras recuperas tu seguridad. Donde hay coerción el camino es distinto 5, y la página de líneas de ayuda tiene a quién llamar.
¿Cuándo buscar ayuda?
Cuando llevas tiempo diciendo que sí a cosas que no quieres y el costo se nota en el cuerpo, en el ánimo o en el resentimiento. Cuando cada no te cuesta días de culpa. O cuando ya no sabes qué quieres tú, porque hace mucho que solo atiendes lo que quieren los demás.
En terapia online individual esto se trabaja como una habilidad y como una historia: de dónde viene que tu aceptación se sienta condicionada, cómo distinguir la culpa que te corresponde de la que no, y cómo sostener tu posición sin perder a nadie que valga la pena conservar. Vas a contar conmigo mientras aprendes.
Reserva una primera sesión y lo miramos juntos.
Fuentes
Cada afirmación clínica de este artículo remite por su número a una de estas entradas.
- Speed, Goldstein & Goldfried (2018), Clinical Psychology: Science and Practice 25(1). Assertiveness as transdiagnostic; training as a forgotten evidence-based treatment.
- Skowron & Friedlander (1998), J. Counseling Psychology 45(3), 235–246. Differentiation of self; fusion and cutoff as the two failures.
- Harris & Orth (2020). Self-esteem and relationships, reciprocal.
- WHO fact sheet list of experiences. Stated as what anxiety can look like, never as a diagnosis of the reader.
- Stith et al. (2012). Where there is coercion the path is different.